¿Quién duda de los beneficios de las vitaminas y minerales? ¿O del saludable consumo del yogur? Hay evidencias al respecto, pero de ahí a extraer una relación de causa y efecto entre tomar yogures y la protección del sistema inmunitario, mejorar la absorción del hierro, la disminución de patógenos intestinales, promover el movimiento o reducir el malestar de vientre, media un trecho científico que muchos fabricantes que usan las bacterias lactobacillus para producirlo no han superado. Al menos, no en las instancias de la Unión Europea que revisan posibles propiedades saludables de los productos o uno de sus constituyentes. Solo en el 20 % de casos demuestran ser ciertas.

Varios tipos de lactobacilos carecen de aval científico sólido para entrar en la lista de declaraciones autorizadas con ciertos beneficios específicos para la salud. Es un ejemplo. Desde el 2008, un panel de expertos analizaron 2.758 alimentos relacionados con la salud general y apenas uno de cada cinco recibió pronunciamiento favorable. Las industrias rebuscan todo tipo de vitaminas y minerales, fibras dietéticas específicas relacionadas con el control de glucosa en sangre, colesterol o el control de peso; cultivos vivos de yogur y digestión de la lactosa, efectos antioxidantes de los polifenoles del aceite de oliva, mejora de la función de los vasos sanguíneos mediante el consumo de frutos, reemplazo de la comida y control del peso, ácidos grados que beneficien la salud cardíaca, sustitutos del azúcar que mantengan la mineralización de los dientes y reducción de la glucosa en sangre tras las comidas, electrolito en hidratos de carbono en bebidas, la creatina para mejorar el rendimiento deportivo…

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición participa en los exámenes y publicó los últimos resultados el pasado día 2, pero aún quedan por evaluar 1.548 solicitudes sobre productos vegetales y otras 331 fueron retiradas durante su investigación. Se espera que las opiniones positivas y las negativas sirvan a las autoridades para decidir sobre las autorizaciones, y para que los consumidores tomen decisiones más informadas sobre su dieta. La directora de EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria) Catherine Geslain-Lanéelle, confía en que esto apoye el trabajo de la industria, ayudando a establecer futuras líneas de investigación.

Muchas son las estrategias para intentar seducir al consumidor con «pócimas mágicas», sostenidas a menudo en las etiquetas con términos tan vagos como «energía», «vitalidad», «propiedades antioxidantes» «eliminación del agua renal». Es difícil identificar sustancias como «probióticos» o «fibra dietética», pero personas que quieren adelgazar, controlar el apetito, bajar el colesterol, mejorar su rendimiento deportivo, evitar males de la posmenopausia, proteger piel y dientes, o equilibrar su «flora intestinal» buscan mensajes alentadores.

Ayuda para digerir la lactosa

Sin embargo, a menudo faltan evidencias, información y precisión en los estudios, o simplemente no hay pruebas. Otras veces sí aparece fundamento científico suficiente. Por ejemplo, para demostrar que la enzima lactasa ayuda al descomponer la lactosa (azúcar de la leche) en personas que presentan una mala digestión de ella o tienen intolerancia a la misma. Basta con tomar suplementos de lactasa en la dosis recomendada. También se salvaron de la quema microorganismos para el cultivo de yogur, como los Lactobacillus delbrueckii, subespecies Bulgaricus y Streptococcus thermophilus, pues se demostró que también mejoran la digestión de la lactosa. Otra sustancia, la lactulosa, sí reduce el tiempo del tránsito intestinal, al contrario que cierto zumo de ciruela. Pese a lo que pudiera pensarse a priori del fruto.

fuente: http://www.lavozdegalicia.es

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