Interesantísimo artículo dividido en tres partes que he encontrado en www.pysnnoticias.com, que os voy a desglosar aquí en el blog:

ferrari

Uno es lo que come. Este es el salmo que cualquier nutricionista que se respete profesará siempre como consigna de vida. Y es que, efectivamente, la buena alimentación se refleja de forma explícita en nuestro preciado cuerpo, una especie una escultura: uno puede deducir el material del que está hecha en hacerle un vistazo.

Pero qué pasa si a pesar de tener una buena alimentación, siguiendo la famosa pirámide construida por algún faraón dietista, no funciona bien la máquina, el sistema, o para ponerle un nombre sólo, el Ferrari?

Esto mismo es lo que yo me preguntaba, como investigador de doctorado cuando, de la nada, escuché el sonido que motivaría luego mi extensa tiroteo de hipótesis y análisis del tipo prueba-error que me llevaron a conocer muchos aspectos del funcionamiento del aparato digestivo que de otro modo no hubiera sabido ni me hubiera interesado nunca saber. Pero volvamos a dicho núcleo, porque sin él nunca habrá un eureka, y pasamos a la descripción onomatopéyica del sonido que oí aquella vez.

En efecto, para lograr este cometido, más que una onomatopeya, deberán imaginar con mucha imaginación, valga la rebuznancia, el siguiente escenario: Imagínense un camión, grande, muy grande, digamos un camión cisterna, de unos 6 ejes, si es que existe, y sino imaginen que existe. Ahora ponga una edad, un camión viejo, un poco oxidado, sin un adecuado mantenimiento, con una que otra fuguita, pero que en su época debió haber sido un potente y bien plantado camión cisterna.

Y ahora sitúense el asiento del conductor, pasa una brisa fresca, ponen un poco de música clásica, suenan las 4 estaciones de Vivaldi, cierran los ojos, disfrutan de la Inmaculada melodía, y como quien lo hace por inercia, giran lentamente la llave para encender el motor.

Con cuántos decibelios y que gemidos llamaría nuestro personaje suplicando que exorcicen? Vuelva a hacer el ejercicio, esta vez con concentración.

Algo similar, con una duración aproximada de unos 5 segundos, me hizo sospechar que mi Ferrari no estaba precisamente bien y así comenzó mi búsqueda, según yo, del eslabón perdido de la digestión.

Continuará …

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