Los yogures inútiles Los probióticos (la palabra significa a favor o para la vida) son bacterias o levaduras como los lactobacilos, bifidobacteras, sacaromices, estreptococos y enterococos. Los fabricantes de yogures tratan de convencernos de sus innumerables beneficios con publicidad muy bien hecha. Incluso tienen revistas donde equipos de investigadores publican artículos en los que siempre demuestran que es cierto todo aquello que la propaganda dice. La pobre calidad general de la investigación y la forma en que los investigadores examinan los datos hacen dudar de los resultados.

La contaminación voluntaria de los alimentos con microbios se practica desde la Antigüedad. Por ejemplo, el lactobacilo se usa para convertir la leche en yogur, o diferentes variedades de hongos se emplean para hacer queso. El mismo lactobacilo ya lo empleaban el siglo XIX para tratar los trastornos intestinales y a principios del siglo XX para las infecciones urinarias. En los últimos años se ha puesto de moda las bifidobacterias bajo la teoría de que mejoran la inmunidad. A ciertos estreptococos se les atribuye la capacidad de controlar las infecciones dentales y los enterococos se usan para trastornos intestinales.

La primera y legítima inquietud que debe tener una persona que tome, o recomiende, probióticos, es si son seguros. No en vano va a ingerir microbios. A los que no les preocupa dicen que se comportarán como los microbios que ya tenemos en el intestino. Tenemos unas 2.000 clases de bacterias, y casi todas actúan bien en simbiosis con el organismo o de forma comensal. Necesitamos la flora intestinal para realizar la digestión y deshacernos de productos tóxicos. Podríamos decir que en ese sentido el intestino actúa como una depuradora de aguas residuales. Como saben, las plantas depuradoras tienen unos grandes depósitos de decantación, con lo que se retira el 80% de los residuos contaminantes y desde ahí sigue un proceso más sofisticado que finaliza con el tratamiento con lodos activos. Estos lodos son un vivero de microbios que degradan y limpian las aguas, como los del intestino digieren y ayudan a deshacerse de tóxicos.

Los que defiende el uso de probióticos nos dicen que añadir esos microorganismos mejoran la flora intestinal y sus funciones purificadoras entre otras cosas. Pero no dejan de ser microbios y la inquietud es que su comportamiento puede cambiar con una modificación del medio. Lo que puede ser benigno o inocuo en una circunstancia se puede convertir en fatal en otra. Un ejemplo es la infección oportunística. Son microorganismos que normalmente no producen problemas pero que en determinadas circunstancias pueden ser mortales.

Hoy podemos decir, con una cierta seguridad, que los probióticos no causan problemas de salud. Es cierto que los estudios no son muy buenos, como todo lo que rodea a este mundo, pero son muchos y, examinados en conjunto, se puede ver que los que los toman no tienen más infecciones o problemas intestinales que los que no los toman.

Aceptemos que no son peligrosos, pero ¿valen para algo?

Yo creo que no y ésa es la opinión de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Allí se han examinado muchos productos con probióticos en relación con una variedad de resultados en salud. Los más importantes o los que la industria vende con más énfasis son la mejora de la inmunidad y de la función intestinal. Tras un riguroso estudio concluyen que las pruebas no sustentan su utilidad en la mejora del sistema inmunológico o, al menos, en su capacidad de responder con más éxito a las agresiones ni en la mejora del tránsito intestinal, los trastornos funcionales como el colon irritable, la flatulencia, etcétera. El único beneficio, al menos que yo haya podido encontrar, es una mejor tolerancia a la lactosa.

La lactosa es el azúcar de la leche. Los mamíferos tenemos una enzima en el intestino delgado que la rompe y la convierte en galactosa y glucosa. Entonces ya se puede absorber. Cuando falta la enzima, la lactosa pasa al intestino grueso y allí puede producir dolor abdominal, espasmos, flatulencia, distensión abdominal, defecación urgente o vómitos.

Los mamíferos adultos, como no beben leche, no necesitan lactosa, por lo que dejan de fabricarla. Es una cuestión de ahorro de energía: ¿para qué fabricar una proteína que no tiene utilidad? Ocurre que la mayoría de los humanos adultos occidentales la tenemos por una mutación genética ocurrida hace miles de años. Se ha podido demostrar que los yogures con lactobacilos bulagarios y estreptococos termofilos mejoran la tolerancia. Esta función puede ser beneficiosa para los que tienen intolerancia a la lactosa.

Los probióticos se introducen en los alimentos porque se cree que son capaces de mejorar nuestro organismo. Tienen la virtud de conservarlos y a veces hacerlos más asequibles. Pero sus beneficios para el organismo se desconocen. Creo que no sirven para nada. Pero tampoco son peligrosos.

fuente: http://www.lne.es

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