Unos 6.000 niños turcos se han sentido indispuestos tras beber la leche que les dieron en sus colegios dentro de una campaña que prevé la distribución gratuita de este alimento a todos los escolares hasta el 5º grado, según ha confirmado a Efe hoy el Ministerio de Salud de Turquía.
La alarma cundió ayer, cuando empezó la Campaña “Leche Escolar”, al quejarse numerosos escolares de molestias de estómago y vómitos tras beber un envase de 200 mililitros distribuido en todos los colegios del país para mejorar la nutrición infantil.
Unos 6.000 niños en al menos 12 provincias fueron trasladados al hospital, donde muchos recibieron terapia intravenosa, aunque las autoridades aseguraron de inmediato que no había casos graves.
“Todos los niños han vuelto ya a casa; el primer diagnóstico es que se trata de intolerancia a la lactosa”, ha indicado a Efe hoy un portavoz del Ministerio de Salud turco.
El Ministerio de Agricultura, que coordina el programa junto con el de Educación, ha reiterado este jueves que sigue adelante con la campaña y que la leche distribuida no supone ningún peligro para la salud.
“La leche no estaba estropeada, se trata de leche UHT, calentada a 140 grados, y no puede suponer ningún riesgo bacteriológico o de intoxicación de microbios”, ha asegurado Irfan Erol, director del departamento de Control del Ministerio de Agricultura, según recoge la agencia semipública Anadolu.
Salih Gül, vicedirector del hospital público de Sivas, donde ayer fueron ingresados más de un centenar de niños, ha confirmado a Efe que todos los pacientes fueron dados de alta anoche, porque su estado no revestía gravedad, aunque hoy el hospital ha recibido un pequeño número de nuevos pacientes aquejados de los mismos síntomas.
El médico dijo no poder aún determinar con certeza la causa de los síntomas, dado que el hospital aún investiga el asunto, pero no quiso descartar ni que la leche pudiera haber estado en mal estado, ni que se tratara de una intolerancia a la lactosa.
La leche es un producto relativamente caro en Turquía, donde un litro puede llegar a costar un euro, en un país donde el sueldo mínimo se sitúa en los 300 euros, y su consumo es mucho menos habitual que el de otros productos lácteos como yogures y quesos, alimentos más baratos y que contienen muy poca lactosa
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La leche o alguno de sus componentes problemáticos se localizan en alimentos tan insospechados como el jamón, los embutidos, las salsas o los precocinados
La leche de vaca se revela como un alimento problemático para numerosas personas con perfiles sintomáticos muy diversos: desde quienes no toleran la lactosa (el azúcar natural de la leche), hasta quienes tienen diagnosticada una alergia a la caseína, la proteína más alergénica de la leche de vaca, o personas que han desarrollado una histaminosis alimentaria (un tipo de intolerancia alimentaria) a la leche de vaca. Sin embargo, identificar algunos alimentos problemáticos puede resultar muy difícil.
Dieta sin leche
Las circunstancias de enfermedad, crónica o pasajera, que conducen a una persona a no incluir o a eliminar la leche de vaca, sus derivados y todos los productos que incluyan alguno de estos alimentos en su dieta cotidiana son diversas. La alergia a la caseína es el trastorno más conocido, seguido de la intolerancia a la lactosa. En la primera circunstancia, la eliminación de todos los productos lácteos es de obligado cumplimiento para la mejora sustancial del malestar, es decir, de los síntomas.
En la intolerancia a la lactosa, la tolerancia a este alimento es más individual, por lo que la dieta se adaptará a cada circunstancia personal para no hacerla más estricta de lo necesario. Hay quien es intolerante a la lactosa pero acepta, sin molestias, pequeñas cantidades de leche como la contenida en un café cortado, algo de queso o yogures.
Si la dieta ha de ser estricta, como sucede al inicio de una histaminosis alimentaria no alérgica o de una alergia, cabría comenzar por eliminar la leche y todos los derivados, como yogur, cuajada, requesón, todo tipo de quesos elaborados con leche de vaca y demás productos con base de leche (flanes, natillas, arroz con leche, crepes, bechamel). Incluso conviene no tomar leche de otros mamíferos que pudieran tener proteínas afines como la de cabra, oveja o búfala (el auténtico queso mozarella se elabora con esta última).
Eliminar los lácteos básicos es más problemático cuanta más afición tenga la persona afectada a estos alimentos y más integrados estén en la dieta cotidiana.
Cambio de hábitos en la comida
El cambio respecto al tipo de comida que se hacía antes es diferente:
Desayunos distintos: el desayuno no incluye leche, mantequilla, queso, batidos, ciertas galletas, bollos de leche, bizcochos, ni cruasanes… Para mezclar con el café o el cacao, se buscan alternativas en las bebidas vegetales (avena, arroz, soja, almendra) o se opta por las infusiones como sustitutos del café. Como elección más saludable frente a la bollería y repostería, destaca el pan tostado untado con mermelada o miel, tahini, crema natural de frutos secos, atún o bonito. Un buen bol de porridge con copos de avena y leche de soja, de muesli de tres cereales o de arroz inflado con copos de maíz, pasas y almendras son tres tipos de desayuno que proporcionan energía duradera para toda la mañana.
Bizcochos sin yogur ni leche: los yogures de soja o las bebidas vegetales serán los sustitutos del yogur tradicional en la elaboración de los bizcochos caseros. Algunas propuestas para contadas ocasiones que prescinden de los lácteos son el bizcocho con almendras, avellanas y pasas, el de naranja, el de zanahoria o el de manzana, pera y nueces.
Salsas y masas alternativas: la masa de las croquetas se puede elaborar con leche de soja (suele ser la bebida vegetal de sabor más neutro), al igual que la salsa bechamel que se emplee en distintas recetas, como canelones y lasañas. Recetas que simulan croquetas en las formas son las que contienen cereales como ingrediente principal que da consistencia a la masa, de arroz con verduras, de mijo o de verduras espesadas con harina. Son propuestas igual de originales las elaboradas con legumbres, como las de lentejas, alubias con salsa de tomate o crema de guisantes.
Leche en alimentos problemáticos insospechados
La dificultad añadida está en la necesidad de prescindir de un sinfín de productos para los cuales se debe hacer un esfuerzo mayúsculo al identificar los componentes problemáticos: las proteínas de la leche pueden estar presentes en alimentos tan insospechados como el jamón, los embutidos o distintos derivados de charcutería (mortadelas, patés de hígado de cerdo, salchichas o jamón cocido).
Otros productos de origen tan variopinto como la repostería, las salsas o los alimentos precocinados contienen aditivos que pueden ser de origen lácteo, como grasas animales (nata, mantequilla o crema de leche), sólidos lácteos, proteínas y/o aromas de leche, aunque se desconoce a simple vista porque no se especifica el origen.
La clave está en prescindir de cualquier alimento del cual no se tenga la completa seguridad del origen de sus ingredientes, incluidos los aditivos. Por ello, la orientación y el consejo en la dieta de un nutricionista son imprescindibles si se pretende seguir una dieta terapéutica que cumpla tal propósito: curar la enfermedad al reducir o eliminar los síntomas que provocan el malestar y, en consecuencia, mejorar la calidad de vida de la persona.
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La empresa soriana Embutidos La Hoguera espera aumentar su facturación desarrollando una nueva gama de productos saludables a través de una línea sin gluten, que abarca ya a todos los productos de la chacinera soriana, así como otra línea sin lactosa.
Por otra parte, laempresa soriana espera aumentar sus ventas a través de la exportación, para lo que ampliará su presencia en países de Latinoamérica y reforzará su implantación en Europa, con especial atención a los países del Este.
Según ha anunciado el responsable comercial de la compañía cárnica, Teo Martínez, en la actualidad es de un 5 % la aportación de la exportación a la facturación de esta empresa soriana que vende sus productos curados de derivados del cerdo en Europa, además de Australia y Hong Kong.
Tras reconocer que la demanda interior está “muy debilitada“, Martínez ha abogado por trabajar por abrir nuevos nichos de mercado y por reforzar los países en los que Embutidos La Hoguera ya tiene presencia, como Alemania, Inglaterra, Portugal o Francia donde “hay mucho recorrido“.
Según ha afirmado, el objetivo de Embutidos La Hoguera es que la facturación por exportación alcance un 10%, como mínimo. No obstante, la empresa soriana trabajará también por reforzar su presencia en el mercado nacional, donde vende sus productos cárnicos curados tanto en grandes superficies como en comercio tradicional de toda la geografía española, en una proporción del 60/40 %, aunque Teo Martínez ha reconocido que el objetivo en este caso es “más prudente“.
Embutidos La Hoguera S.A. cerró 2011 con una facturación de 15,5 millones de euros, un 6 % más que en el año anterior, un crecimiento que, según ha explicado Martínez, se debe al trabajo intensivo de “hasta 25 horas al día” y al “esfuerzo de todos” para abrir esos nuevos mercados tanto en España como en el extranjero, además del cuidado del cliente actual.
fuente: http://www.infoceliaco.com
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Hasta hace unos años consumir algas en nuestro país parecía una excentricidad. Nadie se planteaba llegar a comer este vegetal marino. Sin embargo, poco a poco, la cocina de autor ha ido desvelando las cualidades que en países orientales como Japón conocen desde hace siglos. Los buenísimos valores nutricionales de este alimento comienzan a ser conocidos en los países occidentales, en los que el consumo de algas crece cada año.
¿Qué tienen las algas de especial que no tengan otros alimentos? Para empezar, tienen altas propiedades saciantes aportando pocas calorías. Son una fuente natural de yodo, hierro, potasio y calcio. Ayudan a depurar el organismo de los metales pesados que ingerimos. Han probado ser anticancerígenas y regulan el aparato digestivo. Eso sí, hay diferentes variedades y algunas contienen sustancias en mayor medida que otras, por eso es bueno conocer las más utilizadas en cocina.
Hablaremos brevemente de las algas más consumidas hoy en día y de sus principales propiedades:
Nori: el un alga rica en proteínas y provitamina A y vitamina B12. Esta última vitamina se creía presente solamente en el mundo animal, por lo que este alga es muy apreciada por los vegetarianos. Es además el alga típica del sushi y se suele preparar tostada o frita.
Kombu: aporta potasio y yodo. El yodo es muy importante para la regulación de la glándula tiroides, por lo que es muy buena para aquellas personas que sufran obesidad por hipotiroidismo. También ayuda a controlar la tensión sanguínea y a eliminar el colesterol. Se suele preparar cocida.
Wakame: alto contenido de fibra, magnesio, fósforo y yodo. Ayuda a purificar la sangre. Preparada normalmente en ensaladas tras poner a remojo.
Hiziki: no es muy popular pero sí digna de mencionar por su altísimo contenido en hierro y calcio. Muy buena para personas con anemia, mujeres gestantes o gente intolerante a la lactosa.
Agar-agar: utilizada muchísimo en cocina creativa y en las recetas de postres de la dieta Dukan por su alto poder de gelatinización. Tiene un alto contenido en fibra, calcio, hierro, fósforo, hierro y yodo.
Espirulina: muy utilizada por deportistas. Es una microalga que se suele consumir en cápsulas preparadas. Muy rica en proteínas de origen vegetal y con un aporte de grasa y calorías mínimo.
Estas son las más utilizadas, aunque hay unas 50 especies de algas comestibles en el mundo. Son cada vez más apreciadas en dietas por su alto contenido en proteínas, hierro, calcio y yodo. Además de la fibra que ayuda a regular la digestión. Aunque son muy recomendables, deberían abstenerse las personas con hipertiroidismo por el contenido en yodo.
Si estás interesada en probarlas, hay unas cuantas empresas que las comercializan, de las cuales las más conocidas en nuestro país son Portomuíños y Algamar, ambas de Galicia. En las páginas vegamercat y selectosfragola podrás encontrar estos productos que se suelen vender en herboristerías o grandes centros comerciales.
fuente: http://www.nosotras.com
Como ya se vio en la entrada de hace un par de días, la intolerancia primaria a la lactosa es una situación con una prevalencia menor de lo que pudiera parecer a priori si se atiende a la cantidad de personas que dicen ser o sospechan ser intolerantes a la lactosa, al mismo tiempo también es significativa la importante oferta de alimentos funcionales “sin lactosa”… ¿son necesarias en nuestro medio tantas leches, quesos, yogures y productos con la alegación “sin lactosa” en el mercado? Yo creo que no y me explico atendiendo a las pruebas:
Por un lado existen diversos estudios que sugieren que una parte importante de la población que dice ser intolerante a la lactosa no lo es. Es decir, no son pocas las personas que teniendo unos síntomas más o menos inespecíficos y relativamente similares a los de la intolerancia a la lactosa se “creen” intolerantes, cuando en verdad no lo son. En estas personas ésos síntomas tendrían otro origen.
Y por otro lado resulta imprescindible destacar que el grado de “intolerancia” es relativo y que una amplia mayoría aquellos que sí son intolerantes, es decir, aquellas personas que efectivamente cuentan con un diagnóstico médico positivo respecto a este tema, admiten una cierta cantidad de lactosa (no poco importante) en su dieta diaria sin presentar mayores complicaciones o molestias. Por ejemplo, una revisión sobre el tema publicada en la prestigiosa revista “Journal of the American College Nutrition” puso en evidencia que la población afroamericana de los Estados Unidos intolerante a la lactosa pueden consumir al menos la cantidad de lactosa contenida en un vaso de leche normal sin padecer los síntomas de la mencionada intolerancia. Además y tomando como ejemplo el mencionado estudio, la mayor parte de las recomendaciones se hacen en este sentido: Una muy buena parte de los intolerantes a la lactosa admiten cierta cantidad de lactosa sin experimentar molestias. Por tanto:
¿Qué hacer ante la realidad fehaciente de ser intolerante a la lactosa?
- Tomar en consideración que la intolerancia la lactosa no es peligrosa y, en principio, no tiene mayores complicaciones que las molestias gastrointestinales que ocasiona.
- Probar a consumir cantidades contenidas de leche. Estudios recientes muestran que incluso aquellos niños a los cuales se les diagnostica intolerancia lactosa pueden tomar de una a dos raciones de leche al día sin sufrir síntomas estomacales.
- Procurar no tomar una fuente dietéticamente importante de lactosa (como la leche) en ayunas y acompañar su ingesta con otros alimentos, por ejemplo, en el marco de un desayuno o merienda con otros ingredientes (cereales, pan, tostadas, etc.)
- Probar con derivados lácteos distintos de la leche que tienen mucha menor cantidad de lactosa que la propia leche. Esto es fácil de comprobar ya que en el normal proceso de elaboración de estos productos la lactosa es utilizada (e hidrolizada, es decir, “rota”) por los microorganismos que posibilitan su fabricación. Es decir, tanto yogures, como quesos y otras leches fermentadas distintas de los yogures, como por ejemplo el kéfir tienen una cantidad insignificante de lactosa perfectamente tolerable por la mayoría de los intolerantes.
- Existen además otros alimentos que, no perteneciendo al grupo de los lácteos, pueden ser “sospechosos” de incorporar lactosa entre sus ingredientes, por ejemplo, embutidos, salsas y aliños preparados, conservas, platos preparados, bollería, etc. Para la mayor parte de los intolerantes esta situación no genera mayor problema ya que la cantidad de lactosa suele ser escasa. Ahora bien habrán de tener cuidado con la suma total de lactosa incorporada en la alimentación a base, bien de lácteos, o bien de estos otros alimentos.
- Sí que se habrá que observar un especial cuidado con aquellos derivados lácteos que se consuman en crudo: natas, cremas, etc. ya que la situación es similar a la de la leche.
- Existen leches de otros origen distinto del de la vaca que tienen un menor contenido el lactosa que esta, tal es el caso de la leche de cabra y también de búfala (sobre esta última es preciso aclarar que no es frecuente en nuestro medio pero sí en La India, donde es el tipo de leche más vendida).
¿Qué hacer si soy completamente intolerante a la lactosa?
La situación es infrecuente, pero existen determinados individuos para los que incluso pequeñas cantidades de lactosa genera molestias. En estos casos además de observar con precaución los alimentos “sospechosos” mencionados y los de origen lácteo (mantequilla, helados, sorbetes, pasteles, etc.), para lo que es imprescindible leer bien su etiquetado y la lista de ingredientes; será preciso tomar en consideración el aporte de lactosa como excipiente en algunos fármacos.
Antes de finalizar merece la pena una aclaración, la intolerancia a la lactosa (o cualquier otra intolerancia) no tiene nada que ver con la alergia. En las alergias está comprometido el sistema inmune y en las intolerancias no. Así pues se puede ser no intolerante a la lactosa pero presentar, por ejemplo una alergia a las proteínas de la leche y, a la inversa, no ser alérgico y ser intolerante.
fuente: http://blogs.20minutos.es
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“Toma leche, si no se te van a quebrar los huesos y se te van a caer los dientes” es la frase que comúnmente se les escucha decir a las madres a sus hijos, sobre todo si son niñas. Y tienen razón, ya que el calcio es muy importante para el bienestar del cuerpo.Patricia Padrón, nutricionista de Clínica Las Condes, cuenta que este mineral -que frecuentemente se asocia a productos lácteos- es el más abundante del organismo. “Representa entre el 1,5 y el 2% del peso corporal, y el 39% del total de los minerales”, afirma, y agrega que alrededor del 99% se encuentra en los huesos y dientes.
Por esta razón, es fundamental que las personas, especialmente las mujeres, incorporen el calcio a su dieta en raciones diarias que varían de la siguiente manera según cada etapa de la vida:
- De 0 a seis meses: 210 mg.
- De seis a 12 meses: 270 mg.
- De uno a tres años: 500 mg.
- De cuatro a ocho años: 800 mg.
- De 9 a 18 años: 1.300 mg.
- De 19 a 50 años: 1.000 mg.
- De 51 en adelante: 1.200 mg.
Sin embargo, sólo consumir el calcio no basta para que éste se quede en el organismo. “La retención ósea del calcio que se deriva de alimentos y suplementos es limitada, a menos que se consuma junto con vitamina D o un suplemento que conserve los huesos”, explica la especialista. Y esto ocurre especialmente en las personas de edad avanzada, razón por la cual siempre se habla de que la reserva del mineral se hace hasta los 20 o 21 años.
Patricia Padrón afirma que los lácteos son las principales fuentes de calcio, en especial si son descremados. Entre ellos se puede mencionar el yogurt, los quesos frescos, el quesillo, los quesos tipo cheddar, el queso cottage y la leche en polvo. El problema es que en la actualidad muchas personas evitan este tipo de alimentos, ya sea porque no les gusta su sabor, o bien son alérgicos o intolerantes a la lactosa. También caen en este grupo los vegetarianos estrictos y los veganos, es decir, quienes no usan ni consumen productos animales.
¿Cómo, entonces, pueden incorporar el calcio a su organismo? Menos mal existen otros productos que también son una buena fuente de este mineral, y que varían desde frutas y verduras, hasta semillas, peces y mariscos. De hecho, esta semana “The Huffington Post” publicó una lista con alimentos que para sorpresa de muchos son altos en calcio. Eso sí, el medio advierte -tal como lo hace la nutricionista de Clínica Las Condes- que, para mejorar su absorción, es importante combinarlos con un adecuado consumo de vitamina D. ¿Quieres conocerlos? Aquí están:
- Col: si se considera que una taza tiene 90 mg de calcio, 3,5 tazas aportan incluso más del mineral que una taza de leche (300 mg aproximadamente).
- Naranjas: son ricas en vitamina C y además una unidad de ellas contiene 60 mg de calcio.
- Sardinas: una porción de 85 gramos aporta 325 mg si se consumen enlatadas en aceite y con sus huesos. Esto representa un 33% de la ingesta diaria de calcio recomendada.
- Leche de soya: sin ser un lácteo, contiene 300 mg de calcio, casi tanto como la leche entera.
- Avena: además de saciar y ser saludable para el corazón, tiene una cantidad significativa de calcio: un paquete de 35 mg aporta 105 mg del mineral.
- Semillas de sésamo: 28 gramos contienen 280 mg de calcio.
- Porotos de soya: una taza, hervidos sin sal, aporta 261 mg de calcio.
- Almendras: además de ayudar a controlar el azúcar en la sangre, colaborar en la pérdida de peso y reducir el colesterol, una porción de 28 gramos de este fruto seco contiene 80 mg de calcio. Eso sí, hay que comerlas con moderación, porque también aportan grasa y calorías.
- Salmón: es un pescado muy nutritivo, repleto de grasas saludables y proteínas. 85 gramos de él tienen 181 mg de calcio si se consume enlatado y con huesos. En tanto, al natural, un filete de tamaño regular tiene 24 mg del nutriente.
- Porotos blancos: sólo media taza aporta alrededor de 100 mg de calcio.
- Higos secos: sólo dos unidades ofrecen 55 mg de calcio. Además, son ricos en hierro y fibra.
- Hojas de nabos: una taza aporta cerca de 200 mg de calcio. Así, si se agrega un poco más, se puede obtener una porción tan rica en calcio como una taza de leche.
- Rúcula: una taza contiene 125 mg de calcio. De esta manera, si comes una ensalada preparada con tres tazas, estarás ingiriendo cerca de 400 mg del mineral.
- Brócoli: una taza en cocido aporta 180 mg de calcio.
- Tofu: una porción hecha con sulfato de calcio contiene un poco más de 250 mg del mineral.
- Semillas de girasol: 28 gramos tienen 50 mg de calcio, lo que las convierte en un saludable snack.
PD: Como dice más arriba, la vitamina D ayuda a la absorción del calcio. La puedes encontrar en huevos (especialmente en la yema), pescados grasos (atún por ejemplo) o algunos mariscos (ostras, camarones o almejas). El sol también es una excelente fuente de vitamina D y, en último caso, la puedes obtener de suplementos alimenticios.
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Si tras sus primeros biberones de leche el bebé manifiesta problemas respiratorios o algún tipo de inflamación facial; si tiene diarrea, náuseas y empiezan a aparecerle ronchas en la piel, es probable que sea alérgico a las proteínas vacunas.
Este tipo de respuesta inmunológica es cada vez más frecuente en los niños. Sobre todo en el primera infancia (hasta los tres años), la leche es una de las causas más comunes de alergia alimentaria. Le siguen el huevo, alimento sabroso y rico en proteínas, pero que en personas alérgicas, puede causar reacciones gastrointestinales severas, hipotensión e incluso paro cardiorrespiratorio.
Si bien en Paraguay no existen estadísticas que evidencien la prevalencia de las alergias alimentarias, el aumento de las consultas médicas a raíz de estos cuadros hablan de un incremento de casos, asegura el doctor Jaime Guggiari, alergólogo e inmunólogo clínico.
“No se saben las causas exactas del porqué se ven alergias alimentarias con mayor frecuencia. Pero sí, estamos viendo reacciones muy intensas en personas adultas y también en niños. Son reacciones severas que en muchos casos suponen riesgo de vida”, advierte el médico.
LA CLAVE ESTÁ EN LAS PROTEÍNAS. Los principales alimentos que en Paraguay generan este tipo de reacciones son de origen animal: la leche y el huevo. El rechazo del sistema inmunológico ocurre también -pero en menor frecuencia y sobre todo en la edad adulta- con los pescados, los mariscos y el maní (principal desencadenante de alergias en países anglosajones).
En el caso de la leche, son los antecedentes familiares y la administración temprana del líquido, los principales desencadenantes de la alergia, la cual por lo general, se manifiesta antes del primer año de vida.
En este tipo de reacción alérgica, el verdadero problema radica en las proteínas vacunas que contiene la leche. Como están presentes en el líquido y en sus derivados, pero no en la carne, lo más probable es que un alérgico no tenga inconvenientes con el consumo de carne vacuna. Debe sin embargo, evitar el queso, el yogur y todo preparado que incorpore leche.
Con el huevo sucede algo similar. El alérgico generalmente reacciona a las proteínas contenidas en la clara, no así al ingerir yema sola. No obstante, se recomienda eliminar el alimento de la dieta de forma total.
CÓMO SUSTITUIR. En algunas personas, las alergias al huevo y a la leche desaparecen entre los tres y los seis años. En otras, se extienden a lo largo de la vida adulta. En ambos casos sin embargo, el principal y más eficaz tratamiento es la dieta estricta.
Esta situación genera mucha preocupación a los padres, ya que son ellos los encargados de controlar absolutamente todo lo que sus hijos llevan a la boca.
Si un niño es alérgico a la leche o al huevo, tiene prohibido comer galletitas, tortas, flanes, masas y pastas que contengan este tipo de ingredientes. Para evitar un déficit nutricional debe además sustituir las proteínas de la leche con verduras, hortalizas, carnes, cereales y pescado. Así mismo, puede consumir leche sin lactosa o leche de soja. No obstante, estos no son estrictamente necesarios, ya que una alimentación variada y con alimentos ricos en calcio como la espinaca, el berro, la cebolla, la acelga, así como algunos pescados, compensan perfectamente la carencia.
fuente: http://www.ultimahora.com/
Etiquetas: huevo, lactosa, leche, Paraguay, reacciones alérgicas
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